EL DÍA QUE COIPO PINTÓ LA CIFRA
Nadie estaba listo para la primera reunión. La taberna apenas abría y ya había manchas de sake en el suelo.
El Sōchō llegó tarde — con esos lentes que nunca se quitaba — y antes de saludar agarró un pincel. La tinta estaba seca pero igual la mojó en la copa de quien tenía más cerca.
«Los nombres son comunes», dijo. «Las cifras no.»
Ahí firmó S3X0 G4NG con las dos manos. Quedó pegado a la mesa una hora.